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domingo, 31 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

HANEKE EXPERTO EN EL HORROR, MUESTRA DONDE VIVE EL MAL
El mal tiene lugar en Cannes después de “AntiChrist” de Lars von Trier, hay ahora dos puntos resaltantes en la Competencia: "Das weiße Band" de Michael Haneke y la excelente "À l'origine" de Xavier Giannoli. Y el director Haneke ("Funny Games") por primera vez ventila su secreto del origen de la violencia.

La gran discusión en Cannes alrededor de la pregunta, si tiene que estar una película alemana en la competencia o no, puede ser finalmente contemplado, aún cuando el director Michael Haneke es austriaco y la mitad del financiamiento proviene de Austria, Francia e Italia, Una película alemana como "Das weiße Band" será difícil de dejarse encontrar.

Esto no yace puramente sobre que él ha filmado en Alemania con actores alemanes. Esto es, exceptuando la versión cinematográfica “Das Schloß” de Kafka (“El Castillo”, 1997), la única película de Haneke, la cual no transcurre en la actualidad, sino en 1913-14, en los últimos meses de paz antes de la Primera Guerra Mundial.

Este gran exterminio de población no podría distanciarse tanto a la vida pacifica de un pueblo en el norte alemán de la profunda llanura. La cámara muestra en uno el contraste penetrante del blanco y negro en toda la tranquilidad de los campos ondulantes sobre un horizonte sin fin, en el pequeño pueblo, donde no hay ni un centímetro de asfalto, y la bicicleta es el más moderno medio de locomoción, es todo como siempre fue y aparentemente continuará así los próximos 100 años.

Haneke no sería Haneke, sino incluyera lo maligno en este idilio fracturado. El doctor del pueblo sufre una importante herida al caerse de un caballo, causado por un alambre tirante sujeto entre los árboles, haciendo que el caballo cayera. No es el único acontecimiento misterioso, una obrera muere al trabajar con una sierra, una cosecha es destruida, un joven con discapacidad mental es cruelmente torturado.

El mal tiene lugar en Cannes. En “AntiChrist” de Lars von Trier (tres días y seis películas de la competición después, aún es el tema de todas las discusiones) posee una dimensión psicoanalítica e histórica, en la película sobre Ivan El Terrible: “Tsar” de Pavel Lungin va en aumento a partir de la fe supersticiosa, en “Kinatay” de Brillante Mendoza se entreteje del hastío moralista de la mega-ciudad y en "Drag me to Hell" de Sam Raimi existe, porque esto lo pintan en la pantalla simplemente cool, abriendo la garganta del infierno.

"Das weiße Band" es el otro caso, la repentina intrusión del mal estaba -desde “Benny’s Video” hasta “Caché”- siempre una constante en la obra de Haneke. El austriaco siempre ha evitado dar explicaciones, Las explicaciones que han tratado de dar esos dos comedidos monstruos en “Funny Games” han sido divertidas.

Haneke evita también finales con un significado. Aún hoy cuatro años después que los debates en Cannes empezaron, se escuchó diferentes teorías al respecto, de quién vienen los videos amenazadores en “Caché”. E igualmente al inicio de "Das weiße Band", el narrador dice - el profesor del pueblo - como los misteriosos sucesos de aquel entonces, incluso en retrospectiva aún comparecen.

Por el contrario Haneke sugiere a los espectadores una solución probable. Él está vez también brinda una explicación plausible para el origen a la violencia, Se declara en la obra desde la primera hasta la última escena vista en la pantalla.

En este pueblo podemos encontrar la no santa coexistencia del idilio pastoral y las estructuras represivas. El amable doctor (Rainer Bock) que salva de la muerte por enfriamiento a unos pequeños niños, pero trata a su ama de llaves en una forma despreciable.

El respetado hacendado (Ulrich Tukur), que celebra la fiesta de la cosecha sin escatimar en gastos y se beneficia de su posición desconsideradamente. El devoto pastor (Burghart Klaußner) que se preocupa por sus ovejitas, y también propina castigos sin medida a su joven hijo, en las noches ata las manos al costado de la cama, la hija debe llevar una cinta blanca en el cabello, como recordatorio de la virtud, lo blanco, senda de la cual se desviaron.

Ahora es el pensamiento sumiso a la autoridad como una explicación para la Primera (y Segunda) Guerra Mundial muy lejos de ser novedoso, desde el “tema” hasta “en el occidente no hay nada nuevo"; no obstante difícilmente nunca lo hemos visto así analizadas en las más pequeñas unidades del pueblo y de la familia-comunidad. La película está ausente sin embargo de la fuerza hipnótica del mejor Haneke, sin embargo, el estilo del filme por limitado en su conjunto, parece mejor funcionar mejor como un gran tableaux.

Leer crítica en su versión original

AUTOR: Hanns-Georg Rodek
FUENTE: Die Welt
FOTO: Les Films du Losange
TRADUCCIÓN: Ruth Patricia Ramos
EDICIÓN: Emanuel Ramos

lunes, 25 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

“DAS WEIßE BAND”: VIOLENCIA Y BUCLES RUBIOS EN LA ALEMANIA PURITANA
Es en un blanco y negro espléndido que se desarrolla esta película impresionante e implacable

Un pueblo de Alemania del Norte protestante, a víspera de la Primera Guerra Mundial. Ahí se sobrevendrán extraños acontecimientos, a propósito de los cuales “muchas cuestiones se quedan sin respuesta”, nos dice el narrador, un ex maestro de escuela que se ha vuelto viejo. No es necesario contar con el cineasta (y autor de la guión original) para disipar estos enigmas. Los epílogos en descifrado pedagógico a la Hercule Poirot no tienen derecho de ciudadanía en las películas de Michael Haneke, que lo conduce hacia que el espectador haga su propia lectura, sin que ninguna interpretación se le dicte.

El médico del pueblo en un bonito día es víctima de un accidente de caballo, una caída provocada por un hilo invisible tendido entre dos arbustos, que desaparece también misteriosamente como apareció. ¿Quién colocó este hilo, quién lo retiró? Este incidente va seguido de varios otros, tanto más traumatizantes cuanto más inexplicables. La muerte brutal de una campesina, saqueo de un huerto, secuestro de un joven minusválido… Perjuicios de los cuales los culpables siguen siendo desconocidos.

La historia de un hombre filmado a sus espaldas, “Caché” (2005), la película precedente de Haneke, no revelaba nunca quien las entregaba con sus manipulaciones en la imagen, quien enviaba al héroe los vídeos que probaban que él era espiado y que lo relacionaba a su infancia. Aquí donde es cuestión, como en “Le Temps du loup” (2003), de una civilización en naufragio, el o los autores de estos gestos criminales no serán jamás distinguidos.

Cada uno se hará su pequeña idea, y Haneke destila al menos un indicio determinante. Una escena donde un colibrí es extirpado delicadamente de su jaula de apartamento y salvajemente muerta a tijerazos. La película es una cuestión de atmósfera (pesada), relaciones sociales (tensas), de educación (rígida), de instituciones (controvertidas). ¿La cinta blanca? Es un símbolo de penitencia, la sanción pública y el emblema de una prueba de redención que inflige el pastor protestante a dos de sus hijos, los mayores, después de haberles asestado golpes de vara. Por el ejemplo, Klara y su hermano deben llevar esta cinta blanca, símbolo de pureza, ella en su cabello y él a su brazo.

Dormir atados
Estamos aquí en el centro del tema. En este campo donde nadie puede ignorar quien posee el poder, donde nadie debe transgredir las prohibiciones, el cielo parece pesar toneladas, incluso en verano. Las temporadas pasan, las cosechas suceden a los días de nieve, las costumbres permanecen, condenando al regidor y a los campesinos a dedicarse a el señor, los hijos del pastor protestante deben dormir atados en su cama para no sucumbir a las tentaciones vituperables, la comadrona que debe sufrir los caprichos sexuales de su vecino viudo, el médico, y de hacerse absolver brutalmente con humillantes injurias (“Tú eres fea, descuidada, la piel flácida, el aliento fétido…”).

“Das weiße Band” es la evocación de las sevicias que una sociedad de adultos, notables, puritanos, rigurosos, inflige a sus mujeres, sus niños, sus administrados. Es el inventario de los caprichos y castigos perpetrados por maniáticos de la autoridad, maniáticos del orden, de la censura. Llegando hasta la violación y al inceste (el médico despide a la comadrona para emprenderla con su propia hija), estos abusos generan odio de sí mismo y rituales punitivos: he aquí la explicación de los acontecimientos que perturban el pueblo. Se trata de “castigar los errores de los padres sobre los hijos”.

¿Pero aún? No se dirá más. Si no que Haneke, quien termina su película con el asesinato del archiduque Franz Ferdinand en Sarajevo y la declaración de guerra, denuncia a las sociedades represivas, las que cultivan brutalidades, hostilidades, celos, amenazas y venganzas perversas, como generadoras de fascismos y totalitarismos. Ejemplo de este terror que reina sobre las poblaciones: el profesor lleva a su novia de paseo sobre una carreta y abandona el camino, se envuelve sobre una sendero con el fin de encontrar un claro para un picnic; los dos enamorados acaban de intercambiar un beso, pero, a pesar de su deseo, la hermosa Eva está tan deseosa de ver la evasión de virar hasta las cosas prohibidas que exige una vuelta sobre la vía oficial. El instante se congela.

Es en un blanco y negro espléndido que se desarrolla esta película impresionante e implacable. Se lo sitúa en alguna parte en la línea del “The Damned” de Losey, o “The Night of the Hunter” de Laughton, debido a la figura maléfica del predicador. De un Clouzot. De un Bergman natural, tanto alisan la obsesión del pecado y una sexualidad mortífera. Pero “Das weiße Band” asesta una entonación particular, con sus verdugos de ojos azules y pelambreras rubias.

Película austríaca de Michael Haneke con Acanalar Bock, Susanne Lothar, Christian Friedel, Leonie Benesch, Ulrich Tukur, Ursina Lardi, Burghart Klaussner (144 minutos).
Estreno en cines el 21 de octubre de 2009.

Leer crítica en su versión original

AUTOR: Jean-Luc Douin
FUENTE: Le Monde
FOTO: Les Films du Losange
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

jueves, 21 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

“KINATAY”: BRILLANTE MENDOZA SE SUMERGE CON BRÍO EN UNA PESADILLA SANGRIENTA

Se da a conocer en el 2007 con la película “John John”, conmovedora mirada en los barrios de chabolas de Manila, incomprendido el año pasado con “Serbis”, donde filmaba con largos y virtuosos planos-secuencia la vida en un cine porno, el filipino Brillante Mendoza le pone la firma este año a una obra perturbadora y sorprendente, y se impone como un cineasta mayor.

Comparable, en cuanto al debate que suscita, al de “Reservoir Dogs” (1992) de Quentin Tarantino, esta inmersión en el horror se inspira en hechos reales. La película comienza con una evocación de la vida agitada en las calles de Manila.

Es necesario un talento fuera de serie para devolver el brillo de los colores, el ruido de los gritos y bocinas, el bullicio de la urbanidad, el mercado, los embotellamientos, la efervescencia de una masa corriendo hacia mil de actividades, y entre esta gente, una joven pareja sale pintada para ponerse el anillo al dedo, para consagrarse como marido y mujer por un juez quien oficia sin ceremonias.

La boda concluye con una comida familiar en un restaurante. Peping, el joven marido, estudiante de criminología, acaba de seguir un curso sobre el arte y la forma en la que un poli puede investigar sobre la escena del crimen. Se deja llevar por un compañero a hacer horas extras como matón al servicio de una banda de delincuentes, a fin de mantener a los suyos.

Mujer cortada en pedazos
Mendoza filma en tiempo real, como en un documental, la pesadilla y las angustias de este muchacho hasta el vómito. Ya que el relato oscila dentro de algo alucinante, una iniciación traumática.

Ahí está Peping testigo y cómplice del secuestro de una prostituta culpable de no estar en al día con sus deudas de droga. Después de una interminable travesía en camioneta, de noche, que Mendoza filma como un pánico mental, un viaje sin retorno hacia el infierno, la mujer es encerrada en el sótano de una casa, maltratada, desnudada, violada, asesinada salvajemente y cortada en pedazos.

Como, este resumen de la intriga no puede sino suscitar desconfianza o rechazo, salvo una adicción a espectáculos de los peores suplicios. Pero en ningún momento Mendoza puede ser acusado de complacencia. Su manera de orquestar los planos, los sonidos, las aberturas de luz en las tinieblas, la claustrofobia en la camioneta con destellos de los faros del carro, el ascenso del miedo, la violencia perpetrada sobre el rehén gimiente, sus súplicas cuando es torturada, la opresión del pánico de Peping ante estos actos, su excitación de querer olvidarse, de hacer escapar a la mujer, en vano, son irreprochables.

“La integridad, una vez perdida, se pierde para siempre”, destaca el cineasta. “Kinatay” remite a temores universales, a la dificultad de intervenir, en la transformación de un inocente en monstruo con su silencio. La captación de tanta impotencia ante tanta inhumanidad es magistral.

Película filipina de Brillante Mendoza con Coco Martin, Julio Diaz, Mercedes Cabral, Jhong Hilario. (100 minutos)

Leer crítica en su versión original

AUTOR: Jean-Luc Douin
FUENTE: Le Monde
FOTO: EQUATION

TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

martes, 19 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

GRANDIOSO PROYECTO CON RESULTADO NOTABLE
Amenábar entusiasma a Boyero con 'Ágora', su defensa de la tolerancia en clave histórica. Mientras los orientales Brillante Mendoza y Johnnie To lo agovian

Supongo que hay gente que hace cine por algo tan legítimo como ganarse la vida. Otros, por la convicción absoluta de que su incuestionable arte va a redimir al mundo. También están aquellos a los que no te los imaginas haciendo otra cosa, gente en cuya personalidad todo desprende inconfundible olor a celuloide, a narrar historias en imágenes. Alejandro Amenábar pertenece a esa raza. Tenía 24 años cuando realiza su primera película Tesis, edad que va asociada al aprendizaje. Pero aquella desasosegante inmersión en el suspense y en el terror parecía realizada por un director tan adulto como sabio, un brillante manipulador de emociones, alguien que hacía pasar tanto miedo al espectador como a esa estudiante de cine perseguida por un sádico especializado en hard-core.

Desde entonces cada proyecto del niño prodigio resulta imprevisible, tiene muy claro lo que quiere hacer y se toma su tiempo, se mete en películas tan arriesgadas como heterodoxas que resuelve con perfección, que alcanzan inevitablemente éxito comercial y le han otorgado un justificado prestigio. Se maneja con idéntica soltura hablando de un tipo al que el destino transforma en un monstruo físico y psíquico que dirigiendo a la megaestrella Nicole Kidman en un cuento gótico habitado por muertos que ignoran su condición, o llenando paradójicamente de emoción y de vida el dolor de un hemipléjico confinado en una habitación y que decide despedirse de una existencia tan atroz como impotente. El talento, la sensibilidad y la buena estrella han bendecido la variada obra de alguien que acierta siempre en temáticas aparentemente áridas, que sabe conectar con todo tipo de público, que hace el cine que le da la gana y que se ha ganado a pulso el derecho a equivocarse alguna vez.

Reconociendo la inquebrantable fe en sí mismo de este virtuoso en apuestas fuertes, se había creado lógica expectación y morbosa curiosidad alrededor de Ágora, una película de 50 millones de euros de presupuesto que se desarrollaba durante el siglo IV en la mítica Alejandría del Imperio Romano. Conociendo las aficiones de Amenábar era impensable que fuera a hacer un péplum o un tópico relato de aventuras. Tampoco sería Troya ni La pasión de Cristo, por citar dos ejemplos del cine moderno que revivían historias de la antigüedad y que por distintos motivos arrasaron en taquilla. Tampoco tendría demasiado parentesco con las aparatosas y convenientes interpretaciones del Imperio Romano que hizo Hollywood en los años cincuenta y sesenta. Sería una película de autor más que de productor, una reflexión muy personal sobre tragedias del pasado que también se pueden aplicar al presente.

Ese proyecto tan costoso y extenuante acaba de estrenarse en el Festival de Cannes. Lo primero que percibes en Ágora es que la documentación de ese guión ha sido muy trabajada, que se ha buceado intensamente en la historia sin tratar de adulterarla para llegar a la desolada conclusión que exponía Santos Discépolo en una incontestable y maravillosa canción de "que el mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 506 y en el 2000 también, que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos". Amenábar y su coguionista Mateo Gil hablan de la agresión salvaje que han ejercido las religiones, de su implacable metodología con los que consideraban herejes o disidentes, del casi siempre desigual combate entre la luz y la oscuridad. La primera está representada aquí por los guardianes de la Biblioteca de Alejandría, compendio de la sabiduría acumulada hasta entonces por la humanidad y que va a ser saqueada por una barbarie en imparable expansión llamada cristianismo, por una gente que fue acorralada en su nacimiento por los paganos y que en su ambición por el poder triturarán las mejores esencias de sus antiguos perseguidores. El resto de las religiones también salen malparadas, incluido el judaísmo y su adicción a practicar la ley del talión. Todos los que adoran ciegamente a dioses intangibles y a las reglas inamovibles sienten alergia hacia la tolerancia y están dispuestos a lapidar a los agnósticos, a los heterodoxos, a los que plantean dudas contra lo establecido.

La rebeldía está encarnada por Hipatia, una filósofa, astrónoma y matemática que investiga en el tiempo y en el espacio, que llega a la blasfema conclusión de que la Tierra puede girar alrededor del Sol, cuyos modelos no son Zeus, Cristo o Yahvé sino Parménides, Aristóteles y Tolomeo, gente que reflexionó sobre la ciencia y la naturaleza humana desafiando a las verdades impuestas, al cerril estado de las cosas.

Amenábar revive el universo perdido de Alejandría con poderoso sentido visual, diálogos excelentes, personajes diseñados con complejidad, tensiones latentes. Filma batallas y escenas de masas dando sensación de realidad, sin recurrir a los efectos de los ordenadores. Su implicación con la figura de la protagonista es estética y ética.

El tema y el primoroso lenguaje con el que se expresa me ponen incondicionalmente a favor de esta película, la veo y la escucho con respeto, estoy deseando que me atrape la emoción, pero ésta no llega. No consigo meterme dentro de una historia con tantas cosas admirables, condición indispensable que le exijo al gran cine. Esa mujer preciosa y actriz notable llamada Rachel Weisz está bien, pero no memorable. Me creo a los actores viejos, como el siempre impecable Michael Lodsale, pero no conecto ni mínimamente con los jóvenes, encabezados por Oscar Isaac y Max Minghella. La música de Dario Marinelli es lírica pero también abusiva, innecesariamente presente en casi todas las secuencias, subrayona. Ágora es una película notable a la que le sobran y le faltan cosas. Ojalá que tenga tirón para el gran público, que el éxito le permita a este singular director seguir abordando aventuras alejadas de lo convencional, que el mercado no le pase factura si no acaban de salirle las cuentas.

Celebro que me quede poco espacio para extenderme sobre los dos restantes títulos que ha exhibido en esta jornada la sección oficial, ya que nada bueno se puede contar de ellas. La filipina Kinatay, dirigida por el temible Brillante Mendoza, dedica dos horas insufrible a describir con imágenes oscuras la estupefacción de un chaval que aspira a entrar en la policía al constatar la relación umbilical entre ésta y un grupo de mafiosos de la prostitución, que torturan y descuartizan a una puta que ha intentado estafarles. Todo navega entre lo confuso y lo tedioso. Jonny Hallyday protagoniza Venganza, dirigida por el chino Jonnie To, señor al que los festivales le profesan incomprensible culto. Este profesional en intendible cine negro, en delirios, efectismo chirriante y violencia sistemática mantiene sus incendiarias y cansinas características en la venganza de un antiguo asesino a cuya hija acaban de cargarse. O sea: más de lo mismo.

AUTOR: Carlos Boyero
FUENTE: El País
FOTO: Getty Images Europe

Festival de Cannes 2009

AMENÁBAR IMPARTE UNA CLASE, LARGA Y PREMIOSA, DE "ASTRONOMÍA EMOCIONAL"
El tedio de Luis Martínez ante el estreno en Cannes de "Agora", la última densa superproducción española

Y llegó el día de 'Ágora'. El día del señor (el domingo, vamos), Amenábar presentó la más esperada de sus películas. Estamos delante de una producción de 50 millones de euros (grande, grandísima, para los usos y costumbres españoles) que arremete, con armas y bagages, contra todo lo que se mueve: la religión, el dogmatismo, la intransigencia, la ignoracia... Todas las enfermedades del alma, vamos. En palabras del propio director, "Asuntos todos muy de actualidad".

Eso sí, la cinta discurre en el siglo IV de nuestra era y se detiene en narrar los últimos días de Alejandría a través de los ojos de Hipatia, la filósofa (bien Rachel Weisz). Si se prefiere, cuenta el inicio de eso oscuro que se llamó Edad Media. Si se quiere, estamos delante de la narración detallada de cómo los cristianos pasaron de perseguidos a un nuevo estatus (mucho más rumboso): perseguidores. Buen tema para el domingo pues.

Hasta aquí, todo en orden. La cinta se precipita, con gesto decicido, por un terreno movedizo, de riesgo. Como ya hiciera Kubrick con 'Espartaco', la idea es convertir un género destinado al simple y puro solaz de incautos (es un 'peplum' con sus romanos con el pecho de lata) en algo diferente y, ya puestos, más respetable. De hecho, toda la película se alimenta de una contradicción: narrar un drama intimista entre el necesariamente espectacular derroche de decorados que exige el género.

Y así avanza, entre la Tierra (la lucha por el poder) y el cielo (la sabiduría de la filósofa Hipatia literalmente lapidada). De hecho, Amenábar recurre una y otra vez al recurso de elevar la cámara en círculos enormes desde el delta del Nilo (el lugar donde se asienta Alejandría) al ancho universo. Cosas de las metáforas: la idea del recorrido en elipse (que no en círculo) de los planetas alrededor del Sol, de la circularidad del tiempo histórico, reproducida en un único y majestusoso plano.

Las buenas noticias corren a cuenta del gusto por el detalle, la cinematografía elegante, el discurso pausado y las interpretaciones ajustadas a la intensidad del momento. Un cineasta, vamos. Las otras, las malas (que las hay), son producto del permanente estado anti-climax al que el director somete al espectador. Por primera vez en la filmografía de Amenábar, la historia no avanza, no hay tensión, la narración está detenida en un extraño empeño por impartir una larga clase de historia de la ciencia.

De hecho, el juego es ése: de un lado, la filósofa atrapada en su necesidad de saber; del otro, el fanatismo prisionero de su necesidad de sangre. La primera parte termina por resultar en exceso premiosa, demasiado cerca de un documental de National Geographic; y la segunda, demasiado obvia. El prólogo de la película dura exactametne una hora. Sesenta minutos para lo que debería haberse resuelto en diez.

Dice Amenábar que, a estas alturas, ya no puede juzgar su película. Probablemente, eso le ocurre a cualquier director. Después de tanto tiempo, donde debería entender él mismo su historia, sólo ve "un detalle, una ventana" (palabras suyas). Por alguna razón, eso mismo le pasa al espectador: donde debería ver el drama entero de la humanidad encarnado en una protagonista brutalmente asesinada, ve, además de eso, el lento transcurrir de una larga clase de astronomía. Pura contradicción. El director lo llama "astronomía emocional". El resultado es mucha astronomía y poca emoción.

AUTOR: Luis Martínez
FUENTE: El Mundo

Festival de Cannes 2009

LA INSOPORTABLE TRANSGRESIÓN
Otra vez el crítico de cine y columnista español de El País, Carlos Boyero nos cuenta su experiencia en la Croisette, entre Von Trier y Loach

Entre los directores ancestralmente mimados por Cannes ocupa un lugar intocable el danés Lars von Trier. Haga lo que haga el gurú del Dogma sabe que el festival le va a recibir con los brazos abiertos, que los selectos miembros de su posmoderna parroquia van a celebrar con alborozo y éxtasis cualquier ocurrencia o experimento de su siempre revolucionario profeta. La mayoría de sus películas han dispuesto aquí de la prestigiosa plataforma de lanzamiento internacional, se han hinchado a ganar premios, forman parte de la historia de Cannes en los últimos 25 años.

Reconociendo que este director tan insólito como agresivo está en posesión de un talento especial y de reconocible personalidad, sólo me he sentido impresionado por su cine en dos ocasiones, en las escalofriantes y auténticamente perturbadoras "Rompiendo las olas" y "Bailar en la oscuridad". El resto, o no las entiendo, o me ponen de los nervios, o me parecen estupideces convenientemente adornadas, pero admito que su autor siempre se siente en la obligación de dar la nota, de empeñarse en ser el más transgresor, de que nadie permanezca indiferente ante sus criaturas.

Anticristo comienza con una pareja follando desaforadamente (sin trucos, con sexo explícito, con naturalismo que acredite la marca de la casa) mientras que su desatendido hijo gatea hacia una ventana abierta. Y dices, empezamos bien, que se note que Trier es el más heavy, que el plano a cámara lenta de un bebé estrellándose contra el suelo nos prepare para el desmadre emocional que se avecina.

La madre enloquece de dolor y el padre, que es psiquiatra, intenta la terapia de curarla en medio de un bosque presuntamente apacible. Lars von Trier le pide a su director de fotografía que se eche la cámara al hombro permanentemente y se dispone a castigarnos duramente con las alucinaciones y el sadomasoquismo de estos dos náufragos mentales en medio de la amenazante naturaleza. Ya están permitidas todo tipo de pasadas. Si se limitara a la sucesión de compulsivos polvos y pajas, a realizar un porno salvaje con pretensiones de originalidad, hasta podría ser divertido, pero Lars von Trier y su complejo de artista destroyer, también necesita disfrazarlo con discursos psicológicos en medio de la atmósfera de las pesadillas. A la mitad de trama tan tediosa resulta que Satanás se ha instalado en la deprimida esposa y como el diablo siente tanta afición a la sanguinolencia, la poseída e histérica dama le destroza los genitales al marido, le atraviesa la pierna con tornillos y para rematar la orgía se corta los labios vaginales con unas tijeras de podar. Porque al autor le sale de los huevos, porque sus desgarradores poemas fílmicos se sienten en la obligación artística de hacer vomitar a los espectadores. Y te planteas que esa actitud es tan legítima como la decisión de alguien responsable para internar a este tarado en el frenopático durante una temporada. Pero no ocurrirá. Seguro que Anticristo estará en la quiniela de los galardones, que se dedicarán ilustradas y penetrantes tesis a la grandeza de su provocación, que descubrirán en ella el retrato genial del Apocalipsis. La imbecilidad con ínfulas de transgresión siempre goza de infinitos adeptos en estos templos de la alta cultura denominados festivales.

Afortunadamente, Ken Loach y su habitual guionista Paul Laverty están muy apegados a las cosas terrenales, no tienen tiempo ni ganas para las masturbaciones mentales sobre metafísicos anticristos con adicción al gore. En "Looking for Eric" se permiten fantasías, pero son tan generosas como divertidas. Como la de que a un cartero cincuentón que siente que su existencia ha sido un fracaso, con inclinaciones suicidas, soportando a unos hijos que hacen la carrera de delincuentes juveniles, atormentado por haber perdido en la juventud a la que fue la mujer de su vida, pero en posesión de buenos amigos y de la fervorosa adoración por aquel futbolista extraordinario y torrencial ser humano llamado Eric Cantona, se le aparezca el espíritu de éste para aconsejarle sobre los problemas que le amargan. Y es muy hilarante y tierna la relación entre el asfixiado proletario y el pelotero filosofal. Loach, cuando habla de lo que conoce y se olvida del panfleto, siempre transmite sensación de verdad, sorna, humanidad, un ojo y un oído privilegiados para captar la imagen, los sentimientos y los sonidos de la calle. Te ríes muchas veces en esta película y esa sensación tan liberadora en medio del solemne intelectualismo que caracteriza la programación de los festivales, alcanza condición de oasis.El director siempre se siente en la obligación de dar la nota.

AUTOR: Carlos Boyero
FUENTE: El País
FOTO: Michael Buckner/Getty Images Europe - Photo Agency

Festival de Cannes 2009

“UN PROPHÈTE”: LA PRISIÓN, UNA ESCUELA DE LA VIDA SEGÚN JACQUES AUDIARD

La escena acontecida el sábado 16 de mayo, a las 11 de la mañana, en el Gran Teatro Lumière de Cannes, donde se acaba la proyección de prensa del quinto largometraje de Jacques Audiard, “Un prophète”. Es en pocas palabras: un volumen de aplausos y un “yo no sé qué” que hace temblar el aire, cuya conclusión sugiere que si el premio se declaraba hoy, Jacques Audiard saldría de Cannes con la Palma de oro en su bolsillo.

De hecho, es una película admirable que acabamos de ver. Rica, compleja, sutil, bajo una tensión permanente, incomoda y generoso. Las dos horas y treinta minutos de una puesta en escena rigurosa e inventiva, en un género poco y mal servido por el “cine hexagonal”: la película de prisión. A excepción de “Le trou” de Jacques Becker (1960), es lo más grande jamás realizado en Francia.

La razón es simple, es que “Un prophète” es mucho más que una película de prisión. Es también un relato de venganza, una novela educadora, una alegoría política.

He aquí la paradoja del lugar común del género: el todo está en saber arreglárselas. Para Malik El Djebena, el muy discreto héroe de esta película, eso tardará seis años. Cuando nos introducimos a lo central, él es un pequeño rufián de 19 años, de origen magrebí, analfabeto, sin familia, sin amigos, sin apoyo, a la gracia de la violencia que reina en estos lugares. Cuando sale, entero y vivo, es un hombre que se ha constituido en un sólido entramado, un botín de guerra confortable, una mejor comprensión de la humanidad, una fe irreducible en la libertad individual, e incluso una esperanza de felicidad enamorada.

Eso en cuanto a la novela de formación, estilo Audiard, es decir, de una agradable y anarquizante amargura: la prisión como escuela de la vida, en una sociedad corrompida por la violencia y la injusticia. Como lo declaró el realizador a AFP, “hay una ironía que me pareció suficientemente interesante para hacer una película: este muchacho le debe todo a la prisión y no pienso que sea un caso particular ".

El corazón de la película consiste en mostrarnos cómo el héroe llega a este resultado. Ahí todavía, es inútil de esperar de Audiard la menor concesión al idealismo o al compromiso de una película documentada. Totalmente reconstituida en estudio con actores profesionales, la película juega el juego del género, con sus rituales y sus pasajes obligados, pero se toma convenientes libertades con sus convencionalismos.

No solamente porque las autorizaciones de salida obtenidas por este recluso al parecer modelo, ocasionen algunas escenas de acción en exteriores también deslumbrantes como decisivas. Pero también porque Malik El Djebena es esencialmente un oportunista, que reinventa en el medio carcelario las reglas del judo y las leyes de Machiavelli para preservar, a alto precio, su integridad: jugar con inteligencia contra la fuerza, asumir su propia abyección moral en el crimen y la traición, utilizar la fuerza del adversario para triunfar.

Desembarcado en un universo dominado por dos clanes, los corsos y los árabes, Malik va someterse contra todo lo esperado a los primeros, ganándose a fuerza de humillaciones y de sumisiones la confianza del cabecilla (Niels Arestrup, magnifico en su manera de traducir su violencia), exponiéndose a la hostilidad de su propia comunidad, a fin de conseguir un final del que el espectador no descubre hasta muy tarde. Admirable la inteligencia del guión, aquí también, es donde se revela una pequeña luz de este relato de formación que se pone al servicio de un proyecto de venganza personal.

No está prohibido, finalmente, leer en este a puerta cerrada carcelario una parábola de vocación más general. No en un alegato sobre la actualidad de las prisiones francesas, sino un reflejo tenso de una sociedad cada día más fragmentada, tomando como blanco las reivindicaciones de las comunidades y del espíritu de clan. Eso explicaría la suerte reservada por Audiard a la mafia corsa, cuyo código de honor se revela corrompido por el chauvinismo y el racismo, y también del hampa magrebí, que se sirve de su fe rigurosa en el islam.

Pues entonces, en cambio, a su héroe solitario, profeta en su país, que va toda la simpatía del cineasta. Porque, a falta de ser un ángel, sobrepone su libertad individual antes de cualquier comparecencia identitaria, porque él demuestra la manera en que los débiles pueden resistir a los fuertes.

“Trabajo para mí mismo”
El “yo trabajo para mí mismo” expresado por el pobre árabe Malik, es sin duda un credo que podría reclamar Jacques Audiard, cineasta a parte en el paisaje francés. Ni la moral ni la conciencia política no se encuentran en su cálculo, pero estaría en contra su voluntad no ver en esta fraternidad entre el realizador y su personaje una verdadera generosidad de corazón.

Es lo primero que permite señalar como su mejor película y el segundo se roba el show. Su intérprete, Tahar Rahim, novato en el cine, ofrece una prestación asombrosa. No es la gran noche, pero sin duda es lo máximo que un cineasta puede hacer en su lugar que es la suya (su noche).

Film francesa de Jacques Audiard con Tahar Rahim, Niels Arestrup, Adel Bencherif, Reda Kateb. (150 minutos)

Leer crítica en su versión original

AUTOR: Jacques Mandelbaum
FUENTE: Le Monde
FOTO: UGC Distribution, Roger Arpajou
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

domingo, 17 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

“FISH TANK” TE ENGANCHA
La aspirante a la Palma de Oro, Andrea Arnold, nos trae una película impactante acerca de un amor traicionado en un paisaje inhóspito, sustentado por las inquietantes actuaciones de Michael Fassbender y la debutante Katie Jarvis.

En el claustrofóbico apartamento que alberga a una familia disfuncional y rabiosa, rodeada de espacios de salvaje encanto, donde la expansión descontrolada de la ciudad sale hacia el campo, La cineasta Andrea Arnold descubre una historia poderosa de traición amorosa. Esta es una de las tres películas británicas en competencia este año en Cannes. “Fish tank, es un drama con poderosas actuaciones, fantásticamente fotografiada por el director de foto, Robbie Ryan, quien intercala con brusquedad interiores grises y paisajes impresionantes parecidos a algo con dos caras. Arnold toma elementos del duro y real drama social en el cual nos encontramos, sino es igual, al menos es familiar; pero hace que lo vivamos nuevamente y dirige la película lejos del miserabilismo, conduciéndola hacia una representación sólida y sincera.

Mia, interpretada por la debutante Katie Jarvis, es una antisocial de 15 años que vive con su madre soltera Joanne, interpretada por Kierson Wareing) su contestona hermana menor Tyler — escena robada de Rebecca Griffiths — y su graciosísimo perro llamado Tennents. Así como una sincera devoción por las chelas baratas del supermercado, las niñas han aprendido de su madre maneras preventivas despreciables y furiosas para disimular los sentimientos que las hieren. Mia misma, es una aspirante a bailarina y una mañana mientras intenta poner en práctica unos pasos de baile en la cocina, el nuevo novio de su madre deambula semidesnudo, esperando poner la tetera a hervir.

Este encantador y bien parecido es Connor, interpretado de forma excepcional por Michael Fassbender, mira a Mia con una franca valoración. “Tu bailas como una negra”, dice, “… lo digo como un cumplido“. La pobre Mia que nunca había recibido un cumplido o algún elogio en su vida y responde alternando desconfianza y ferocidad, semicontrolada gratitud, especialmente cuando Connor se comporta como un verdadero papá, Teniendo a todos a su favor.

Desde luego que hay una atmósfera sexual entre Connor y Mia, tan tórridamente húmeda que hasta el techo esta casi empapado. Una noche Mia finge estar dormida tanto que Connor la llevará hasta su cama, es ahí cuando entran en una escena extremadamente sugestiva de nalgadas simuladas, cuando Connor aparenta “disciplinarla”. Mia no tiene idea de cómo expresar o manejarse, es demasiado, carente de reservas de cariño: ella no sabe si lo que quiere es un amante o un padre, o solo alguien que la ame incondicionalmente. Connor es quizás ese hombre, pero este seductor nada fiable guarda secretos.

Las actuaciones de Jarvis y de Fassbender son destacadas y tienen una química inquietante y por tanto los hace explotar. Esta es otra película altamente inteligente, envolvente de una de las voces más poderosas en el cine británico.

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AUTOR: Peter Bradshaw
FUENTE: The Guardian
FOTO: Fotogramas
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos
COLABORACION: Sholange Barranzuela

Festival de Cannes 2009

“BRIGHT STAR”:
LA TURBACIÓN EXQUISITA DE UNA PASIÓN PURA EN EL SIGLO XIX
Un enfoque superficial puede dejar pensar que “Bright Star”, la película de Jane Campion, situada en un pueblo muy cercano a Londres de 1818, está a los antípodas de las historias contemporáneas que se ven en Cannes. Impulsos refrenados por una parte, pasiones sexuales del otro. La cineasta neozelandesa no sólo habla del deseo, del impulso, del amor vivido como una insurrección.

El beso que terminan por intercambiar los dos jóvenes protagonistas, labios que se rozan, se alejan, se unen para juntarse nuevamente, como en “Notorious” de Hitchcock, antes de que la señorita vuelva a ponerse su sombrero, discreto símbolo de un indecente strip-tease, es infinitamente más inquietante que los ruidos de succión orquestados en varias películas del Festival.

Si Fanny, la heroína de esta admirable película, maravillosamente personificada por Abbie Cornish, prueba que ella dista mucho de ser frígida, y se sumerge en un siglo en que las Lady Chatterley no corrían por el campo, en una cultura romántica donde la pasión se hacia un deber de expresarse con reserva.

Adepta a los más excéntricos collares, como Nicole Kidman a su miriñaque en “The Portrait of a Lady” (1996), uno de las películas de lo más injustamente despreciadas de Jane Campion, Fanny se abre con tanto más descaro cuando está bajo la vigilancia permanente de su dama de compañía, su adorable hermanita.

El joven hombre del que se enamora es el gran poeta romántico John Keats (1795 - 1821). Fanny Brawne es conmovida por sus escritos, por el sufrimiento de su hermano moribundo. Keats está perplejo al principio (“usted me atrae sin que yo sepa porqué. Todas las mujeres me perturban"), y es esa, facilidad de palabra, personalidad con temperamento, que va a volverse irreemplazable a los ojos de ella que le ha enseñado que “la poesía es una experiencia de los sentidos”.

Keats no tiene los medios para amar a Fanny: no gana una moneda. Un amigo poeta, que vive con él, va a hacerlo todo para alejarlo de esta provocación que sólo sabe “embromar y coser”, y del que no deja de burlarse de sus vestidos. Está también la madre de Fanny, tolerante a pesar de todo, pero que acentúa aún más el impasse de este idilio.

Fanny no dejará escapar nada, pasando y volviendo a pasar debajo de la ventana del poeta, especialmente, cuando cae enfermo y está prohibido de recibir visitas, arrancando incluso una petición de mano. Las cartas que ella envió Keats son consideradas como modelos de cartas de amor. Él murió de tuberculosis en Roma, de 25 años.

La crisis de sollozos de Fanny que se enteran de la muerte de Keats libera emociones por mucho tiempo reprimidas. Todo, en la actitud de la joven mujer, cuyos amplios vestidos de cinturón alto que ocultan su redondez, revelan una impaciencia por ser elegida, halagada, admirada, poseída.

Todo, en la puesta en escena de Jane Campion, sugiere el carácter agobiante de lo que se aleja o se acerca a los amantes potenciales. Así las puertas, las cortinas, los cristales o las paredes, a lo largo de las cuales Fanny es empujada de su cama para dormir más cerca de Keats. Así la evocación pícara de una casa en la que vivieron por turno, ocupando la misma habitación.

Uno, dos, tres....sol
La intensidad de los versos apasionados, la sensibilidad con la cual el poeta expresa el nacimiento de sus sentimientos, la sublime frustración carnal, el hilo que se borda entre Fanny y John, todo eso cohabita en la película con una cotidianidad trivial, el de los trabajos de costura, los juegos de niños, las ausencias de cartero y las mezquindades sexuales del amigo de Keats, que deja embarazada a la sirvienta.

Fanny y John juegan con decoro como en “uno, dos, tres… sol”. Las estaciones pasan, la nieve cae, las flores nacen, junquillos o violetas. Fanny deja alzar vuelo a las mariposas en su habitación, que desaparecen cuando John está lejos.

En peligro permanente de ser encorsetada por el academicismo, Jane Campion desliza sus travesuras. Una pequeña llave oculta entre los senos de Fanny, un “turbación exquisita” confieso, un plano fugaz de dos pies desnudos, y este suspiro escapado de la boca de la joven muchacha cuando Keats le susurra “te besaré las manos, la frente, los labios…”, y que, ella lo interrumpe, sugiriéndole: “… por todas partes!” Todo ello sin cámara fija, en un trabajo de reconstitución perfecto y una preocupación permanente de hacer irradiar las luces interiores.

Película australiana de Jane Campion con Abbie Cornish, Ben Whishaw, Paul Schneider, Kerry Fox. (2 horas)

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AUTOR: Jean-Luc Douin
FUENTE: Le Monde
FOTO: Laurie Sparham, Pathé Distribution

TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

sábado, 16 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

“THIRST”, ESTA ES MI SANGRE: EL GROTESCO CHUPADOR DEL SANGRE EN SOTANA DE COREANO PARK CHAN-WOOK

Había causado escalofríos de horror y se había llevado el Gran Precio del jurado, en Cannes, en 2004, mostrando un energúmeno que engullía a calamares vivos en “Old Boy”. De nuevo, más atento que nunca a los placeres de la boca, con “Thirst”, esta es mi sangre…, una película que soñaba rodar desde hace diez años, y que se presenta como lo primero venido de Corea coproducido por Hollywood, Universal en este caso.

“Thirst”, en competición, cuenta, sobre un tono que haría pasar a los cineastas de horror Carmelo Bene, Mario Bava y Dario Argento por discípulos de Robert Bresson, la historia de un joven sacerdote que ha ido a África a probar una vacuna experimental contra un virus mortal. Víctima de su sentido del sacrificio, muere, y resucita gracias a una misteriosa transfusión que lo transforma en vampiro.

Su milagrosa resurrección atrae peregrinos, que vienen a postrarse delante de este santo, antes de que se convierta en un chupador de sangre, depredador en sotana. Entonces encuentra a un amigo de la infancia más, que vive con su madre y su joven esposa. Él siente por esta última una violenta atracción carnal, y va hacerle conocer una embriagues sexual sorprendente. Lo que sigue, en esta historia de un siervo de Dios que obtiene la vida eterna cargándose a sus prójimos, apunta a la revisitación de un genero, la subversión, el humor (“un vampiro es un tipo que tiene una diferente alimentación”), las citas inesperadas (“Je vous salue, Marie” de Godard, y “Thérèse Raquin” de Zola).

Capellán en el hospital, este querido cura traga los frascos de sangre de un golpe, reemplaza el éxtasis de las plantaciones de caninos por penetraciones hasta hacer gemir a las frígidas, y juega a Superman: hace acrobacias aéreas con sus brazos con su presa desmayada.

Borbotones y gorgoteos
La succión del cuello se opera con ruidos de besitos, la estaca que debe clavarse en el corazón del monstruo es un sacacorchos, la sangre rocía los cuellos o se vomita a borbotones y gorgoteos, el gran títere redescubre las alegrías de la fractura sonora de las cervicales. Orquestada con un sentido de suntuosidad bastante primaria, la farsa acumula las erupciones de pústulas y los comas. Park Chan-wook define su película como un “mélodrame de vampiros de escándalo”. Hemos visto un monumento a lo grotesco y pretencioso, estúpido y ridículo.

Película coreana de Park Chan-wook con Song Kang-ho, Kim Ok-vin, Kim Hae-sook, Shin Ha-kyun. (133 minutos) Nombre original “Bak-jwi”.
FOTO: CJ Entertainment
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

Festival de Cannes 2009

PRIMERAS IMPRESIONES DE "HUACHO" EN CANNES
El filme del chileno Alejandro Fernández participará en el festival de cine más importante del planeta.

El jueves pasado, Huacho, de Alejandro Fernández, inauguró las funciones de prensa que la Semana Internacional de la Crítica realiza en la Cinemateca Francesa cada año previo a Cannes. Periodistas y críticos parisinos descubrieron así las sencillas aventuras cotidianas de la familia campesina que protagoniza el largometraje debut del chillanejo.

Aunque mantiene la ambientación de sus últimos cortometrajes, Desde lejos y Lo que trae la lluvia, Fernández sorprende con un giro estilístico que rompe con la imagen pausada y contemplativa esperable. Huacho presenta, una tras otra y sin mezclarlas en el montaje, una jornada de una familia interpretada por personas sin formación actoral y muy cercanas a la realidad de sus personajes: Clemira, Cornelio, su hija Alejandra y su nieto Manuel.

La narración es minimalista, pero la construcción visual es dinámica, con la cámara siguiendo muy de cerca a los personajes que se encuentran frecuentemente en desplazamiento. En lugar de una mirada externa que los sitúe en el paisaje e invite a reflexionar sobre las dificultades o las paradojas de sus existencias, Huacho propone acompañar el punto de vista de cada protagonista, sin detenerse a explicar la oposición entre vida rural tradicional y modernidad.

Al contrario, los sencillos conflictos de cada uno integran naturalmente ese espacio de transición entre dos mundos. Manuel es el "huaso" de su colegio chillanejo que se pasa el día tratando de jugar con la Play Station de uno de sus compañeros. Su madre, Alejandra, cocinera en una casa de campo que ofrece visitas tradicionales a turistas, trata de esconder a sus padres que el corte de luz se debe a que, en vez de pagar la cuenta, se compró un vestido en una multitienda. Clemira y sus vecinas ofrecen quesos en la carretera.

Con el alza del costo de la leche, fijan un precio que los automovilistas encuentran demasiado caro comparado con el de la ciudad. Y Cornelio, en un discurso monótono sobre historias del pasado al que los amigos ya no prestan atención, debe asumir que la vejez le está pasando la cuenta. El calor se siente a través de la imagen captada por Inti Briones en un estilo muy diferente a las otras películas que el director de fotografía ha rodado recientemente con la misma productora que Huacho.

En El cielo, la tierra y la lluvia, de José Luis Torres Leiva, la cámara y sus delicados movimientos son un vehículo de belleza visual y emoción contenida, mientras que en Ilusiones ópticas, de Cristián Jiménez (aún inédita), igualmente de la productora valdiviana Jirafa, el sutil humor requiere una mirada externa y más bien quieta sobre las situaciones. Aquí, en cambio, el movimiento constante, los encuadres escurridizos que evitan los planos generales de contextualización y la crudeza de la luz responden al afán menos estético y más naturalista de la película.

No obstante, un punto en común de éstos como de varios otros títulos chilenos recientes de exposición internacional (a excepción de Tony Manero y La nana), es la descentralización de las historias y de las imágenes. Desde construcciones convencionales como El regalo (Galaz) a radicales como Alicia en el país (Larraín), pasando por propuestas tan diversas como Turistas (Scherson), la particular Nucingen Haus (Raúl Ruiz) e, incluso, Navidad (Sebastián Lelio), al situarse en los márgenes semirrurales de la capital, el cine chileno se aleja cada vez más del hormigón de Santiago hacia paisajes físicos y culturales heterogéneos. Y en sus idas y venidas entre el campo profundo, la carretera con sus autos nuevos y el mall de provincia, Huacho contiene en sí esa multiplicidad.

AUTOR: Pamela Biénzobas
FUENTE: La Tercera, Chile

viernes, 15 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

"HUACHO", O LOS ABANDONADOS POR LA MODERNIDAD

Con sus raíces en un mundo rural de Sudamérica abrumado por la modernidad, Huacho, de Alejandro Fernández Almendras, coproducida entre Francia, Alemania y Chile, ha sido presentada hoy en la Semana Internacional de la Crítica, que ha podido disfrutar una delicada obra con una sensibilidad casi documental.

“Algún día seremos felices. Me habré liberado de mi sombra y de mi nombre”. Leídas por un maestro de escuela apercibido en Huacho, estas palabras parecen resonar sobre el primer largometraje de un cineasta que eligió rodar en los alrededores de su ciudad natal de Chillán, al sur de Chile. Allí, en medio del campo vive, o más bien sobrevive, una familia: una pareja de ancianos, su hija y su nieto. Al compás del canto de los pájaros y del gallo, amanece. Los cuatro protagonistas se instalan en la mesa del desayuno y la electricidad salta. La jornada continúa a través de los cuatro puntos de vista de los personajes, hasta la cena que los reúne de nuevo, al restablecimiento de la corriente y la caída de la noche.

Interpretado por actores no profesionales, Huacho describe con un ritmo pacífico y un máximo de detalles el final programado de un universo campesino: la abuela fabrica de modo artesanal quesos que intenta vender al borde de la carretera (a pesar del aumento del precio de la leche), mientras que el abuelo cerca un terreno (pero su edad avanzada lo retrasa) y cuenta mentiras del pasado que el resto de la familia no escucha. La hija, cocina para una casa que acoge turistas extranjeros y debe devolver un vestido apenas comprado para pagar la factura de electricidad. En cuanto al joven, de punta en blanco, pasa su día de escuela en la ciudad, suplicando en vano a uno de sus compañeros que lo deje jugar a su PlayStation.

Jugando sobre los contrastes entre tradiciones y modernidad (teléfonos móviles, televisiones, videojuegos, centros comerciales), entre la vida rural y urbana, subrayando al mismo tiempo el impacto del dinero sobre la gente sencilla, Alejandro Fernández Almendras firma una opera prima cuya atmósfera despojada de apariencias e intérpretes espontáneos gana profundidad poco a poco al compás de una época que ya parece escaparse.

Producida por la francesa Charivari Films y la chilena Jirafa Films, Huacho ha contado con el apoyo de Arte France Cinéma y la alemana Pandora. El estreno en Francia será realizado por Sophie Dulac, mientras que Films Distribution se ocupa de las ventas internacionales.

AUTOR: Fabien Lemercier
FUENTE: Cineeuropa

Festival de Cannes 2009

“SPRING FEVER”: UNA PELÍCULA CANDENTE SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD EN CHINA, UN FRESCO DECEPCIONANTE

Perseguida por la censura desde su primer película, “Weekend Lover” (1995), empujado a rodar clandestinamente, el Chino Lou Ye no continúa por eso menos eligiendo temas difíciles en su país. “Summer Palace”, la película que le valió tantos problemas en China después de haber estado presentado en Cannes en 2006, se atrevido a evocar los acontecimientos de Tiananmen. Presentada este año el primer día de la competición, “Sping Fever” abraza sin rodeo la causa de los homosexuales.

En Nankin, una joven mujer contrata a un fotógrafo para espiar a su marido, que mantiene una relación amarosa con un hombre, Jiang Cheng. A través de un ataque de rabia, ella obtiene que su esposo sea dejado por su bello amante, una ruptura que ninguno de los dos muchachos se volverá a reponer, uno se acabara suicidándose, y el otro haciéndose tatuar sobre la piel estas flores de loto que representan la nacimiento de una pasión prohibida.

El detective, que sale con una modista depresiva, cae a su vez pasmado por este bello hombre que es Jiang Cheng, y este trío mal arreglado (Jules y Jim a la inversa; dos hombres, una mujer), hace un resumen final del camino juntos. La cámara móvil, que Lou Ye manipula con destreza sobre su hombro, es su triunfo: traduce las vibraciones y ritmos pulsionales de los personajes movidos por los celos, la frustración, la fiebre de los cuerpos.

El cineasta utiliza toda clase de músicas de una manera que se calificará de torpe o de facilista, según. Es evidentemente fascinado por "Happy Together" de Wong Kar-Waï, pero hay que hacer constancia que sus proezas formales sólo sirven para orquestar un ballet de teléfonos celulares y un viaje por lugares calidos (bares, cabarets, karaoké, sauna, habitaciones y duchas).

Colocado bajo los auspicios del novelista de los años veinte Yu Dafu, la película se enfrenta la pintura de las relaciones sexuales entre hombres, alineada de gritos de satisfacción y de crisis de sollozos, sin nunca conseguir conmovernos con lo que viven los personajes. La pintura de una China donde la policía acosa a los trabajadores clandestinos y donde todo se arregla a punta de dinero y las relaciones se quedan en segundo plano de una tenebrosa imagen digital.

Pélicula china de Lou Ye con Hao Qin, Sichen Chen, Zhuo Tan, Wei Wu. (115 minutos)
Su nombre original es: "Chun feng chen zui de ye wan"

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AUTOR: Jean-Luc Douin
FUENTE: Le Monde
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos

jueves, 14 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

"UP” YA POR TODO LO ALTO

CANNES - pero la película de animación no participa en la competición…

Grande buuu en torno a “Up”, la película de animación en 3D que hace la apertura del festival de Cannes. Mientras que se proyectaba este miércoles por la noche, los periodistas ya la han visto en una proyección de prensa, este miércoles por la mañana. Con los lentes de rigor (se han fabricado 5.000 pares para Cannes), que permiten ver las imágenes en relieve.

Su mérito, la ligereza
Risas, aplausos, y elogios a discreción: la unanimidad de las críticas es admisible. “Qué pena que esta película no haga parte de la competición, lanza este periodista belga. Para mí, merecería la Palma de oro.” Una opinión más bien extendida en las filas de la prensa internacional. La historia de este anciano Carl, quien sale a la aventura en una casa volante tirada por globos inflados con helio, tiene el mérito de ser ligera. Y corta - la película no dura más que 104 minutos. “Eso nos hace bien, antes de ver este paquete de películas cuyos temas son graves y… largos”, agrega otro.

Entre la fauna de los personajes de “Up”, un pájaro bizarroide, el Dadou, que podría hacerte pensar en el Dodo de Isla Mauricio, pero además grande. Y sobre todo, los perros que hablan un lenguaje humano, gracias a un collar decodificador. Un consagrado hallazgo. “Todos los personajes han sido desafíos para diseñar, explica el equipo de los estudios Pixar, durante la rueda de prensa. El forro de piel es difícil de animar, así como la mandíbula de Carl. Ya que es necesario darle una textura de piel creíble, arrugas y una expresión.”

Fuera de la competición
El equipo, a quien la prensa preguntó por qué “Up” no estaba en la competición, ha respondido que “era el festival quien decidía”, pero que no era necesario olvidar una cosa: “Es la primera vez que una película de animación hace la apertura de Cannes, el festival más prestigioso del mundo. Y obviamente, es la primera vez también que hay una película en 3D.” Un procededimeinto que permite sumergir al espectador en el corazón de la acción, pero lo cual es necesario desconfiar también, ya que a fuerza de jugar, eso puede “hacer sobresaltarse” al público, sonríe John Lasseter, director de animación de la casa Walt Disney. Los que ya fueron a La Géode (Sala con pantalla gigante hemisférica), en París, lo comprenderán. Bob Peterson, el coréalisateur, se divierte por adelantado con la idea de ver las estrellas en vestido de noche y smoking ponerse los lentes para 3D.

El último año, en el festival de Cannes 2008, “Waltz with Bashir”, un documental de animación, había suscitado igualmente el entusiasmo de las críticas. Había vuelto a salir con las manos vacías.

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AUTOR: Alice Antheaume, en Cannes
FUENTE: 20 Minutes
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos