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lunes, 18 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

LA DECEPCION TIENE UN NOMBRE ILUSTRE: COPPOLA
La primera mirada al Festival de Cannes del crítico de cine y columnista español de El País, Carlos Boyero

Si existe un director antiacomodaticio, capaz de jugarse lo que ha ganado por experimentos propios o ajenos en los que cree, de abandonar caminos seguros para introducirse en el riesgo de lo inexplorado, se llama Francis Ford Coppola. Aunque sólo hubiera realizado la inmarchitable saga de El Padrino, esa creación le sitúa más allá del bien y del mal, en una condición que sólo está al alcance de los mejores y denominada clasicismo. Pero el heterodoxo Coppola también es el autor de otras obras maestras, de fracasos apasionantes, de lenguajes continuamente renovados para contar sus historias. Su monarquía no sólo se ha prolongado en Hollywood y en sus estudios Zoetrope. También lo ha hecho en el festival de Cannes, logrando en el pasado algo tan insólito como que le concedieran dos veces la Palma de Oro por la atormentada lucidez de La conversación y por esa epopeya en estado de alucinación titulada Apocalypse now.

Coppola ha regresado con su última película a un festival en el que es venerado. No lo hace en la ambicionada sección oficial, sino en la menos trascendente Quincena de Realizadores, algo que inicialmente te mosquea al venir firmada esta obra por una de las pocas glorias vivas que le quedan al cine.

También he leído en alguna entrevista con Coppola que éste es el tipo de película que siempre ha querido hacer. Se titula Tetro y comienza bien, con aroma a misterio, con la llegada en medio de la noche al barrio bonaerense de La Boca de un marinero adolescente que está buscando a su mitificado hermano mayor, alguien que desapareció de su vida y de su familia hace muchos años. Son imágenes con fuerza, en blanco y negro, con sabor a enigma, que asocio inevitablemente con el arranque de la fascinante La ley de la calle. Las expectativas de que vas a ver algo grande se acaban a los 10 minutos. A partir de ahí comienza una cadena de despropósitos, diálogos enfáticos, situaciones huecas, personajes que se convierten en involuntaria parodia, flashbacks absurdamente coloreados en los que se describe la torturada y edípica relación que llevó a la huida, la autodestrucción y la locura a un hombre masacrado por la egolatría y el egoísmo de su famoso padre, reflexiones muy gastadas sobre el arte y la creatividad que dan entre risa y pena, un viaje hacia la redención que se pretende cargado de sentimiento pero que es incapaz de transmitirte nada, un catártico y alargado desenlace que se desarrolla alrededor de unos premios literarios que se conceden en la exótica Patagonia y que puede provocar vergüenza ajena.

Alguien me comentaba que en muchos momentos de Tetro da la sensación de que Coppola está imitando el estilo y el tono del peor Almodóvar. No exagera. Ver para creer. Y te da tanta lástima como estupor que un director extraordinario pueda llegar a parecerte una caricatura de otros. Ojalá que el casi anciano Coppola no se despida del cine con esta película lamentable. No se lo merecen ni su deslumbrante carrera ni los infinitos admiradores a los que nos ha regalado tantas sensaciones impagables.

La directora inglesa Andrea Arnold también habla en "Fish tank" de la lacerante incomunicación entre una madre y su hija adolescente, pero en este caso no te suena a impostura con pretensiones metafísicas, son gente de los suburbios y experta en supervivencia. Esa cría en permanente guerra con el mundo, colgada del amante de su madre, enfrentándose en plan punki al lógico torrente de incertidumbres, miedos, rencores y sensación de fracaso cotidiano que acompañan a la casi siempre problemática adolescencia respira credibilidad y vida. Andrea Arnold vuelve a demostrar aquí, como hiciera en su sugestiva ópera prima, Red road, que sabe describir a gente a la deriva, a seres frágiles y en permanente desconcierto que se defienden a bocados.

La película china "Spring fever", dirigida por Lou Ye, destaca porque es la primera vez en el cine de esa nacionalidad en el que una relación homosexual está plasmada con imágenes que no desdeñaría el porno. Hay sexo casi explícito en todos los lugares y retratando variados tipos de posturas coitales entre un chico muy moderno y un señor casado con una mujer que quiere asesinarlo al enterarse de que le pone los cuernos con un tío. Lo malo es que esta interminable sucesión de polvos también está acompañada de pretensiones líricas y sociológicas que rozan lo grotesco. Es muy higiénico que en un cine tan timorato o amordazado para mostrar el erotismo un director audaz se salte las reglas. El problema es que su película es tan tediosa como inane. La provocación también necesita sustentarse en algo mínimamente sólido.

Leer entrevista en su versión original

AUTOR: Carlos Boyero
FUENTE: El País
FOTO: Festival de Cannes

domingo, 17 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

“FISH TANK” TE ENGANCHA
La aspirante a la Palma de Oro, Andrea Arnold, nos trae una película impactante acerca de un amor traicionado en un paisaje inhóspito, sustentado por las inquietantes actuaciones de Michael Fassbender y la debutante Katie Jarvis.

En el claustrofóbico apartamento que alberga a una familia disfuncional y rabiosa, rodeada de espacios de salvaje encanto, donde la expansión descontrolada de la ciudad sale hacia el campo, La cineasta Andrea Arnold descubre una historia poderosa de traición amorosa. Esta es una de las tres películas británicas en competencia este año en Cannes. “Fish tank, es un drama con poderosas actuaciones, fantásticamente fotografiada por el director de foto, Robbie Ryan, quien intercala con brusquedad interiores grises y paisajes impresionantes parecidos a algo con dos caras. Arnold toma elementos del duro y real drama social en el cual nos encontramos, sino es igual, al menos es familiar; pero hace que lo vivamos nuevamente y dirige la película lejos del miserabilismo, conduciéndola hacia una representación sólida y sincera.

Mia, interpretada por la debutante Katie Jarvis, es una antisocial de 15 años que vive con su madre soltera Joanne, interpretada por Kierson Wareing) su contestona hermana menor Tyler — escena robada de Rebecca Griffiths — y su graciosísimo perro llamado Tennents. Así como una sincera devoción por las chelas baratas del supermercado, las niñas han aprendido de su madre maneras preventivas despreciables y furiosas para disimular los sentimientos que las hieren. Mia misma, es una aspirante a bailarina y una mañana mientras intenta poner en práctica unos pasos de baile en la cocina, el nuevo novio de su madre deambula semidesnudo, esperando poner la tetera a hervir.

Este encantador y bien parecido es Connor, interpretado de forma excepcional por Michael Fassbender, mira a Mia con una franca valoración. “Tu bailas como una negra”, dice, “… lo digo como un cumplido“. La pobre Mia que nunca había recibido un cumplido o algún elogio en su vida y responde alternando desconfianza y ferocidad, semicontrolada gratitud, especialmente cuando Connor se comporta como un verdadero papá, Teniendo a todos a su favor.

Desde luego que hay una atmósfera sexual entre Connor y Mia, tan tórridamente húmeda que hasta el techo esta casi empapado. Una noche Mia finge estar dormida tanto que Connor la llevará hasta su cama, es ahí cuando entran en una escena extremadamente sugestiva de nalgadas simuladas, cuando Connor aparenta “disciplinarla”. Mia no tiene idea de cómo expresar o manejarse, es demasiado, carente de reservas de cariño: ella no sabe si lo que quiere es un amante o un padre, o solo alguien que la ame incondicionalmente. Connor es quizás ese hombre, pero este seductor nada fiable guarda secretos.

Las actuaciones de Jarvis y de Fassbender son destacadas y tienen una química inquietante y por tanto los hace explotar. Esta es otra película altamente inteligente, envolvente de una de las voces más poderosas en el cine británico.

Leer artículo en su versión original

AUTOR: Peter Bradshaw
FUENTE: The Guardian
FOTO: Fotogramas
TRADUCCIÓN: Emanuel Ramos
COLABORACION: Sholange Barranzuela

sábado, 16 de mayo de 2009

Festival de Cannes 2009

FISH TANK: ANDREA ARNOLD Y SU ADOLECENCIA REBELDE

La realizadora británica de 48 años Andrea Arnold ya había dejado una fuerte huella en Cannes cuando presentó en 2006 su impactante opera prima, “Red Road”, que además se hizo con el Gran Premio del Jurado. Un año antes, su cortometraje Wasp se había hecho con el Oscar y otros 38 premios internacionales. A pesar de su edad, la crítica la consideró desde el primer momento una de las mayores promesas del cine europeo. Sin embargo, fueron dos productores, el holandés Kees Kasander, célebre por su colaboración con Peter Greenaway, y el británico Nick Laws, que colaboró con ella en su primer cortometraje, quienes más firmemente han creído en ella.

Su regreso a la competición de Cannes con Fish Tank confirma el gran talento que atesora esta ex actriz y presentadora televisiva, que mantiene intacta su analítico y directo modo de ver. La protagonista de Red Road era una mujer que deambulada por las calles de Glasgow siguiendo un misteri. En esta ocasión, Andrea Arnold concentra su atención sobre una adolescente de 15 años llamada Mia (Katie Jarvis).

En la primera escena de la película vemos una ventana que se asoma sobre los barrios populares de Essex, una ventana parecida a la que en Red Road permitía observar la decadencia urbanística y humana de la ciudad. Otro punto en común con su opera prima es que la cámara se confunde con el punto de vista de la protagonista, hasta el punto de que el espectador ve y casi reflexiona como lo hace Mia, abrumado por las tonalidades azules y amarillas de la fotografía de Robbie Ryan.

La protagonista muestra enseguida su carácter. En los primeros cuatro minutos de metraje insulta al padre de una amiga, le rompe la nariz a otra chica sin razón aparente e intenta liberar a un caballo encadenado, que para ella representa la libertad. Es una rebelde, una inadaptada, un espíritu herido aunque profundamente tierno. En casa la espera su joven madre (Kierston Wareig), que la considera una joven criminal, y su deslenguada hermana menor. Su comunicación se limita a 'vete a tomar por culo' o 'puta de mierda'. Es el lenguaje de quien no sabe decir 'te quiero', porque nadie se lo ha enseñado. Expresiones violentas y sexistas tomadas del rap, que parece ser el único elemento de cohesión lingüística de este grupo social.

Durante una gran parte del metraje, la cinta parece ser una nueva versión de “Sweet Sixteen”, de Ken Loach, aunque en clave femenina. Sin embargo, algo hasta entonces desconocido le sucede a Mia cuando su madre le presenta a un nuevo amigo (Michael Fassbender), un joven con un trabajo estable, un coche y una vida normal que parece dispuesto a quedarse y convertirse en el padre de las dos chicas. Una mezcla de sentimientos agitan a la adolescente, curiosidad, celos, atracción sexual, competición con su madre. Aunque Mia aún no sabe que no será más que una nueva decepción.

La joven Katie Jarvis se muestra muy cómoda en el papel de la adolescente y se postula a alguno de los premios reservados a los actores debutantes. El irlandés Fassbender, uno de los actores más interesantes del momento (lo demuestran “Hunger”, de Steve McQueen, o Inglourious Basterds, de Quentin Tarantino), refleja magistralmente la ambigüedad moral de su personaje.

Fish Tank narra una historia urbana de modo lineal sin inventar nada nuevo, aderezada por elementos habituales como la falta de comunicación, la soledad o los problemas de adaptación. Pero el atractivo reside en el modo con que la realizadora consigue representalo, cómo consigue mostrar la realidad de millares de periferias, de millones de seres humanos. La realidad del mundo que hemos creado.

AUTOR: Camillo de Marco
FUENTE: Cineeuropa
FOTO: Fotogramas