Michael Haneke, director nacido en Munich, nacionalizado austriaco y flamante ganador de la Palma de Oro en Cannes, con su último largometraje “Das weiße Band” (“La cinta blanca” en español), donde da luces del origen de mal, tema tan recurrente en la filmografía, la agresión constante y la impunidad desoladora. Haneke en esta idea nos ha entregado filmes perturbadores como “Benny's Video” o “Caché” (“Escondido”, titulo en Perú).“Juegos Macabros” titulo dado en español por los distribuidores a “Funny Games U.S., que es el remake de la austriaca “Funny Games” de 1997, caso singular en el cine en donde Haneke diez años después realiza la misma película sin cambiar nada, los planos se repiten tal cual; pero la diferencia en esta versión “estadounidense” del 2007, es el reparto, donde destaca Michael Pitt, como uno de los psicópatas y cuenta también con las figuras: Naomi Watts y Tim Roth, que le dan atractivo, siendo un gancho para el público masivo.
Esto de “Juegos Macabros”, también le da la impresión al público mayoritario, que va a espectar un filme de terror, al estilo “Saw” o “Viernes 13” y todas sus secuelas. Pero ya en sala descubre que se trata de otra cosa, menos espectacular, nada enfático, sin música incidental, alejado de estridencias; es decir un filme al estilo Haneke, es decir una rigurosa puesta en escena, exigente que puede llegar a ser desgastante, cargada de una violencia altamente perturbante que te produce una incertidumbre a medida transcurren los sucesos y te involucran en esta juego que se va convirtiendo en pesadilla que ejerce una fuerza hipnótica que atrapa.
Todo comienza con unas vacaciones de ensueño en la casa del lago, de una familia conformada por papá Georg (Roth), mamá Anna (Watts) y su pequeño hijo Georgie, todo transcurre aparentemente normal, este idílico viaje en la camioneta de familia con bote remolque en plano cenital, jugando a adivinar los autores y interpretes de piezas de música clásica como “Tu qui santuzza” de Mascagni y “Care selve, ombre beate” de Händel, que se ven interrumpidas por el estruendo de “Bonehead” de Naked City música esquizofrénica y ultraviolenta que son un presagio de lo venidero, pero la anomalía, se percibe ya, cuando ven a sus vecinos Fred y Eva actuar extrañamente, y que además están acompañados de dos jóvenes extraños.
Cuando todo aparenta una apacible calma de vacaciones de verano, todo se rompe, con la visita inesperada de uno de estos dos jovencitos, Peter (Brady Corbet) quien va pedir unos huevos de parte de Eva, Anna se siente desconfiada por la presencia de este joven de muy buenos modales, al que se le unirá Paul (Pitt), luego de una serie de sucesos nada casuales y aparentemente inocentes, conllevarán que está familia sea presa de los juegos perversos de estos psicópatas juveniles.Ya con el control de la situación estos juguetones monstruos, realizarán con gran sofisticación y cierta cortesía, participar a la familia en sus sádicos juegos; aquí es donde la performance de Michael Pitt destaca, interpreta la personificación de la crueldad extrema con rostro de inocente “niño bien”, a medida crece la crueldad de estos jueguitos de los cuales sus victimas sólo pueden elegir quien o como va morir, también crece el placer de quienes los inflingen, Paul hace gala de un ironía e insensibilidad que perturba hasta el más indiferente. Haneke no utiliza la violencia explicita como un recurso para enfatizar, ni de la banda sonora para fortalecer la acción dramática, es una violencia fuera de encuadre, la imaginamos, la escuchamos, no tenemos certidumbre de los hechos, los tiempos muertos se dilatan, desesperan, observamos con tensión, como en tiempo real los sucesos y esperamos lo peor, Haneke no da concesiones y cuando parece darlas es arbitrario e ilógico, te sorprende de golpe, es entretenido, educadamente autoritario.
Ya en “Benny's Video” el desamor y la indiferencia en la sociedad actual son feroces, en “Caché” el pasado y saber que uno es vigilado es perturbante, en “La pianiste” las pasiones retorcidas llevadas a situaciones más extremas y escabrosas. Sin bien “Funny Games U.S.” es un thriller, no es sólo eso, es la exposición nuestros temores sociales que se ven reflejados, en estos dos jovencitos que apariencia confiable, es decir no podemos confiar en nadie, que la más aparente la tranquilidad puede ser violentada en cualquier instante.
Ya dijimos anteriormente que la maldad, además de la violencia son temas recurrente en Haneke, pero en “Funny Games U.S.” la mirada distanciada del realizador, tiene un tono más ligero, más cínico, Paul ensaya algunas respuestas porque son tan violentamente malévolos, todas pueden ser posibles o ninguna de ellas, depende la versión que queramos escuchar. Paul nos mira y nos pregunta, ante una apuesta mortal ¿de qué lado estamos? de la víctima o mejor de los victimarios; es finalmente la representación de la violencia en los medios de comunicación.
AUTOR: Emanuel Ramos

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