NUNCA LA GUERRA FUE TAN ABURRIDA, O UNA PELÍCULA DE FABRIZIO AGUILAR
“Tarata” es una propuesta vacía, quizá con buenas intenciones, pero con poco rigor y escaso talento
Con personajes que son incapaces de exteriorizar alguna emoción, no comunican nada
“Tarata”, de Fabrizio Aguilar se instala en medio de esta guerra civil, llamada también “el tiempo de la violencia”, en un contexto, que sólo por el nombre de la película, y sólo por eso lo sabemos (y por un letrero), que es a mediados de los 80s en Lima, con mayor detalle, días previos al atentado de la calle Tarata en Miraflores de 1992. “Tarata” es una película pueril, tediosa, lamentable y absurda. Comencemos hablando de los escasos puntos destacables. Bastante bien ambientada en interiores sobretodo, la dirección de arte y el diseño de vestuario, es punto a favor; si tendríamos que hacer un esfuerzo rescatar algún otro punto sobresaliente en la mediocridad, es la actuación de Liliana Trujillo que es la empleada de la familia, haciendo un papel acorde a las necesidades y posibilidades que se plantea esta pobre historia, y es sin duda, el más creíble o el único realmente convincente. Haciendo otro esfuerzo diremos que la debutante Gisela Valcárcel, hace esfuerzos denodados por sacar adelante su papel —la ama de casa Claudia— que a la vez, es quizá el personaje más consistente y que tiene un desarrollo dramático más coherente; Fabiola, la amiga emprendedora y muerta en el atentado en Tarata, interpretada por Lorena Caravedo, es quien le da un toque de vitalidad a este film lánguido, pero muere. Es sólo el entusiasmo de presentadoras de televisión.
Después de tantos esfuerzos por encontrar aspectos positivos, a la segunda película de Aguilar, que ya por el 2003 nos había entregado su opera prima “Paloma de papel”, que es bastante superior a esta segunda entrega. Y nos es que “Paloma de papel”, sea un prodigio, nada de eso, es una película poco menos que regular pero en comparación a “Tarata”, es evidentemente superior. Si uno de los escasos puntos salvables nos remitía a las actuaciones, también los más bajos están en ese rubro, Es decir, la dirección de actores exhibe falencias y debilidad, y por ende las actuaciones no dan la talla, claro, esto producto de un guión impresentable, de diálogos insulsos, cándidos; insustanciales en gran manera desarrollando una narrativa anodina y ridícula. Lo que me llama la atención es la actuación de Miguel Iza, es muy similar en algunos aspectos a la de M en “El acuarelista”, lo dirigen para que haga de tonto (por decir menos), o él mismo asume que sus personajes deben ser así. En fin Daniel, esposo y padre de familia de dos hijos, es algo así como mezcla de un zombie-autista, un hombre que le han robado el alma, que no transmite mas que desconcierto, porque uno no puede creer lo que ve, siendo así, uno de los personajes más vergonzosos del cine peruano y eso que hay varios, pero hace meritos. Tal vez una de las frases más lucidas que pronuncia es algo así como “No tiene lógica, no tiene lógica”, eso es “Tarata”.
Si bien es cierto que una película no debe cumplir una lógica aristotélica o alguna otra convención, sino no más bien, ser consecuente con su propia lógica, dentro de propio universo de ficción, aunque su estructura pretende ser clásica su desarrollo desemboca en un mar de incertidumbres, “Tarata” es un film que tropieza y se pierda en la nada, sin sustento, en un guión poco elaborado (parece ser escrito sin diligencia y rigurosidad), sin sentido de causa-efecto, o de la casualidad y de la causalidad, y muchas escenas, el oficio del director es ausente, para crear tensión, para preparar y dilatar esos instante previos, saber hasta donde tensar la cuerda, sin dejar de perder la sorpresa (previa a los atentados, a las detenciones, en las cuales los militares son increíblemente demasiado educados). Es evidente “Tarata” no es thriller ni pretende serlo y que el director haya planteado una puesta en escena desdramatizada, en donde los personajes combaten sus miedos internos introspectivamente, pero sólo lo sabemos por lo que repiten con constancia, no por un desarrollo dramático, estos personajes son incapaces de exteriorizar alguna emoción, no comunican nada (excepto la mamá), si Aguilar quería mostrar una familia incomunicativa, fraccionada pues naufraga, en personajes como la hija mayor adolescente, Sofi —que se quiere ir de casa— pero todo es sin sustancia, es una película sin alma, una narración chata, visualmente nada que destacar, hecha en interiores en gran parte. Una novela es mucho más convincente en dirección, narración, actuaciones, etc. y lo digo siendo alguien quien no le agradan las telenovelas.
Si “Tarata”, está contextualizada en momento histórico, según su director. Es imposible comentar sin recurrir a la memoria, que si bien es cierto que cada quien tiene un punto de vista de lo vivido; creo que los que vivimos esos tiempos sabemos muy bien, que ese tiempo, si algo no fue es aburrido, incoherente, risible; el temor y el drama estaban presentes, omnipresentes diría, elementos que en esta película brillan por su ausencia, nunca existe atmósfera, nada se parece ni tiene conexión con el pasado reciente. Daniel escribe en una libreta los mensajes de las pintas senderistas y su hijo obseso hace una lista de cosas que debes hacer “para estar seguro”, realmente suena a mal chiste, de alguien que no se toma muy serio el triste pasado que nos toco vivir a una generación marcada por la sangre de la victimas de una guerra absurda como todas, aún más cuando es fraticida. Esta poca sensibilidad, es alarmante y a mí personalmente me preocupa enormemente, me pregunto que alguien que no vivió ese tiempo y ve este esperpento, pensará que todo eso fue un evento ligero, irrelevante y pasajero, espero que nadie tome esta cinta como una referencia para abordar el teme de la “violencia interna”.
Una vez más lo de siempre, una película peruana que lo único deseo es olvidar prontamente. “Tarata” es una propuesta vacía, quizá con buenas intenciones, pero con poco rigor y escaso talento; es como un tiempo perdido, no conmueve, no produce reflexión; en todo caso es sólo ficción, es por eso que es una propuesta que supongo yo bastante surrealista, queriéndose distanciar diametralmente de la realidad con toda intencionalidad, ni siquiera similar a la comedia del absurdo, es una dimensión aparte. Esa sería una forma de intentar entenderla, sigo haciendo esfuerzos.
Emanuel Ramos

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