“EL SILENCIO DE LORNA” DE VISIÓN OBLIGATORIA
Los Dardenne nos muestran una vez más ese lado de la Europa que no se deja ver
“Le silence de Lorna”, de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, en mi opinión a priori la mejor película contemporánea que se exhibirá en el Festival (por supuesto la muestra de Alain Resnais, en 35 mm es insuperable), los Dardenne, son uno de los pocos directores que han ganado en dos ocasiones la Palma de oro de Cannes, en 1999 por “Rosetta” con la destacadísima actuación de Émilie Dequenne y en el 2005 por “L’enfant”, en ambos filmes los realizadores belgas se internan en una mirada oblicua pero siempre sensible, a ese espacio sombrío que deja el desarrollo acelerado de las grandes economías europeas, esa supervivencia al margen de la modernidad, en el sentido más consumista y frívolo.
En “Le silence de Lorna”, logran una narración acertada, siempre enfocando su mirada hacia temas comunes en su filmografía, pero está vez la historia es redonda, casi sin altibajos, la historia fluye en intensidad y ritmo, en atención y emoción, en donde la actriz natural de Kosovo, Arta Dobroshi realiza un tour de force sosteniendo con su interpretación esta historia, ella personaje es Lorna, una joven albanesa inmigrante en Liège, en este nuevo drama nada sentimental muy al estilo de los hermanos Dardenne.
En la primera toma vemos Lorna contando dinero en la ventanilla de un banco, los otros clientes podemos observar claramente que inmigrantes, este es el elemento que los Dardenne han agregado a la película la inmigración, un componente que es un problema que aqueja en la actualidad a los países del primer mundo, que se ven asediados por foráneos ya sean de Europa del este, África, Latinoamérica o del Lejano Oriente que salen de sus lugares con la esperanza de un futuro mejor (en especial bienestar económico) cueste lo que cueste, arriesgando hasta su vida misma.
Lorna para realizar sus sueños de abrir una cafetería junto con novio Sokol, le es imperativo obtener la nacionalidad belga, para esto ella se ha casado en “boda de conveniencia” con un joven adicto Claudy, dicha boda concertada Fabio, un taxista mafioso que verá en la nueva ciudadanía de Lorna una oportunidad para usufructuar. Lorna tiene que convivir con este heroinómano belga (Jérémie Renier, presente en los filmes de los Dardenne: “La promesse “ y “L’enfant”) la cámara de Alain Marcoen parece no poder detenerse, siempre muy cercana, nos introduce en el apartamento de esta pareja atormentada, nos asfixiamos con ellos, Lorna tiene que soportar a Claudy que sufre síndrome de abstinencia, acompañamos a Lorna en su andar por las calles, cuando se viste, al desvestirse, cuando intenta dormir, cuando está en su centro de labores, por momentos con tono de documental que muestra la cotidianidad con esos planos secuencia, pero la historia se comenzará a complicar.
Giros intensos y un suspenso latente
La inestabilidad de lo inesperado comenzará a surgir, Fabio ha concertada una nueva boda con un hombre ruso que esta dispuesto a pagar mucho dinero por obtener el pasaporte belga, Fabio le comunica a Lorna del trato, y para realizarlo ha decidido asesinar a Claudy porque su cliente soviético no es nada paciente, Lorna no quiere que asesinen a Claudy, he intentará maneras desesperadas de obtener el divorcio, autoinfringiendo golpes para acelerar el proceso, durante el film establecemos empatía con Lorna, sufrimos y nos alegramos, a medida que avanzando el metraje.
“Le silence de Lorna”, es una película de aprendizaje, de degradación (moral), de crecimiento, Lorna sufrirá un proceso de humanización forzoso, es una parábola de valorar lo esencialmente necesario, que las nacionalidades, el dinero y el sustento no lo es todo, que la vida puede ser más simple que eso y tiene valor por si misma, los Dardenne nos muestran una vez más ese lado de la Europa que no se deja ver, esa sociedad salvaje apremiada por las necesidades más básicas, y que en su mayoría la conforman los inmigrantes. La denuncia está siempre presente en filmografía de estos hermanos, que siguen siendo fiel a sus convicciones, con una puesta escena austera y su temática exigente, pero superando en la forma y en la narrativa a sus trabajos anteriores.
Por Emanuel Ramos
Los Dardenne nos muestran una vez más ese lado de la Europa que no se deja ver
“Le silence de Lorna”, de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, en mi opinión a priori la mejor película contemporánea que se exhibirá en el Festival (por supuesto la muestra de Alain Resnais, en 35 mm es insuperable), los Dardenne, son uno de los pocos directores que han ganado en dos ocasiones la Palma de oro de Cannes, en 1999 por “Rosetta” con la destacadísima actuación de Émilie Dequenne y en el 2005 por “L’enfant”, en ambos filmes los realizadores belgas se internan en una mirada oblicua pero siempre sensible, a ese espacio sombrío que deja el desarrollo acelerado de las grandes economías europeas, esa supervivencia al margen de la modernidad, en el sentido más consumista y frívolo.En “Le silence de Lorna”, logran una narración acertada, siempre enfocando su mirada hacia temas comunes en su filmografía, pero está vez la historia es redonda, casi sin altibajos, la historia fluye en intensidad y ritmo, en atención y emoción, en donde la actriz natural de Kosovo, Arta Dobroshi realiza un tour de force sosteniendo con su interpretación esta historia, ella personaje es Lorna, una joven albanesa inmigrante en Liège, en este nuevo drama nada sentimental muy al estilo de los hermanos Dardenne.
En la primera toma vemos Lorna contando dinero en la ventanilla de un banco, los otros clientes podemos observar claramente que inmigrantes, este es el elemento que los Dardenne han agregado a la película la inmigración, un componente que es un problema que aqueja en la actualidad a los países del primer mundo, que se ven asediados por foráneos ya sean de Europa del este, África, Latinoamérica o del Lejano Oriente que salen de sus lugares con la esperanza de un futuro mejor (en especial bienestar económico) cueste lo que cueste, arriesgando hasta su vida misma.
Lorna para realizar sus sueños de abrir una cafetería junto con novio Sokol, le es imperativo obtener la nacionalidad belga, para esto ella se ha casado en “boda de conveniencia” con un joven adicto Claudy, dicha boda concertada Fabio, un taxista mafioso que verá en la nueva ciudadanía de Lorna una oportunidad para usufructuar. Lorna tiene que convivir con este heroinómano belga (Jérémie Renier, presente en los filmes de los Dardenne: “La promesse “ y “L’enfant”) la cámara de Alain Marcoen parece no poder detenerse, siempre muy cercana, nos introduce en el apartamento de esta pareja atormentada, nos asfixiamos con ellos, Lorna tiene que soportar a Claudy que sufre síndrome de abstinencia, acompañamos a Lorna en su andar por las calles, cuando se viste, al desvestirse, cuando intenta dormir, cuando está en su centro de labores, por momentos con tono de documental que muestra la cotidianidad con esos planos secuencia, pero la historia se comenzará a complicar.
Giros intensos y un suspenso latente
La inestabilidad de lo inesperado comenzará a surgir, Fabio ha concertada una nueva boda con un hombre ruso que esta dispuesto a pagar mucho dinero por obtener el pasaporte belga, Fabio le comunica a Lorna del trato, y para realizarlo ha decidido asesinar a Claudy porque su cliente soviético no es nada paciente, Lorna no quiere que asesinen a Claudy, he intentará maneras desesperadas de obtener el divorcio, autoinfringiendo golpes para acelerar el proceso, durante el film establecemos empatía con Lorna, sufrimos y nos alegramos, a medida que avanzando el metraje.
“Le silence de Lorna”, es una película de aprendizaje, de degradación (moral), de crecimiento, Lorna sufrirá un proceso de humanización forzoso, es una parábola de valorar lo esencialmente necesario, que las nacionalidades, el dinero y el sustento no lo es todo, que la vida puede ser más simple que eso y tiene valor por si misma, los Dardenne nos muestran una vez más ese lado de la Europa que no se deja ver, esa sociedad salvaje apremiada por las necesidades más básicas, y que en su mayoría la conforman los inmigrantes. La denuncia está siempre presente en filmografía de estos hermanos, que siguen siendo fiel a sus convicciones, con una puesta escena austera y su temática exigente, pero superando en la forma y en la narrativa a sus trabajos anteriores.
Por Emanuel Ramos

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