viernes, 21 de agosto de 2009

Festival de Lima 2009

"RABIOSO SOL, RABIOSO CIELO”, POLÉMICA Y OSADA DESDE SU NARRATIVA
Es la expresión genuina de un cinéfilo honesto, es un cine sensorial de atmósfera hipnótica

“Rabioso sol, rabioso cielo”, fue la propuesta más extrema de este Festival de Lima 2009, desde un punto de vista estético, como temático, con un sentido poético que estremece por su profundidad. Ya en el 2003 había sorprendido y sobrecogido con su opera prima “Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor”, o en su nombre corto “Mil nubes” nada más, como también es conocida, luego tres años más tarde impactará con “El cielo dividido”, su director y guionista el mexicano Julián Hernández, que por convicción, se le podría clasificar en un conjunto de directores de un cine militante como Gus Van Sant, Greg Araki que formaron parte de ese movimiento con aires reivindicativos como el New Queer Cinema (al igual que Tood Haynes o Tom Kalin en sus inicios), con tendencias también gay o homosexual estarían también el cine Fassbinder, Vigo o Warhol entre otros, Hernández nos da su visión peculiar del mundo homosexual pero con un merito plausible, sin caer en la idealización, sin exagerar en el drama, dándonos un punto de vista sincero y frontal.

Enfocándonos en las interpretaciones que se puede tener de “Rabioso sol, rabioso cielo”, se puede llegar a decir en forma despectiva y prejuiciosa que esta es una película, en donde vemos homosexuales fornicando, en un cuarto, en un cine ya sea en el baño o en las butacas, ah! al inicio también hay una relación sexual que no es sodomita, en mas, individuos perturbados que oyen voces de sabe Dios de dónde, y otros que ven visiones en el agua, además de mucha lluvia, con un fotografía en blanco y negro; una duración bastante extensa de aproximadamente más de 2 horas, pero que en su versión original exhibida en el Festival de Berlín, tuvo un metraje de 3 horas 10 minutos, a pesar de ser una versión recortada la que vimos en Lima. En la función que estuve presente cerca de cincuenta personas o más abandonaron la sala, de seguro que su percepción fue en algo parecida a la antes expresada.

Estos son los riesgos que corre una propuesta tan arriesgada como la de Julián Hernández, pero si el cine “debería ser” la interacción en una sala o teatro entre el espectador y la película cinematográfica proyectada sobre el écran, algunos dirán que Hernández es un director onanista, es decir, que sólo busca su propia satisfacción, es egoísta y autocomplacerse con su obra. Se podrá decir también, que es un cine que busca la satisfacción de un grupo más reducido, como por ejemplo, el de los críticos cinematográficos; con respecto a este tema recojo de cinencuentro.com un fragmento del dialogo entre el muy reconocido critico de cine francés, Michel Ciment y miembro del jurado en el último Festival de Lima con el crítico Rodrigo Bedoya, “Lisandro Alonso tiene talento visual, pero encuentro que el suyo es un cine elitista. Para mí, la grandeza del cine es la posibilidad de comunicar con el espectador. Tengo la impresión de que en América Latina hay una corriente del cine que va dirigida a los críticos, y que estos respaldan, admirando el rechazo del público a esos filmes”. Ciment también hace mención de su sorpresa al encontrar en la primera edición de la revista “Ventana indiscreta”, en un ranking de cine latinoamericano, encontrar destacadas películas como “La hamaca paraguaya” de Paz Encina o “Los Muertos”, la segunda, así como “Liverpool” de Alonso, francamente son potentes somníferos y que uno sinceramente tiene que hacer esfuerzos denodados por no caer en un profundo sueño, debería incluir a José Luis Torres Leiva tanto el documental “El tiempo que se queda” o “La tierra, el cielo y la lluvia”, dichas películas y directores, alabados y casi venerados por una gran parte de la crítica nacional, preferencias y gustos que no coinciden con mi sensibilidad, más allá de sus logros estéticos, su visión contemplativa y relato implícito y sugestivo.

Líneas abajo me refiero a la interpretación que se puede tener de una obra, que ya es un tema polémico, esta claro la ruptura entre público y crítica, y no tan claro el saber por qué realmente se va la gente de la sala 1) simplemente se aburre, 2) espera otra cosa (lee una crítica favorable y se va decepcionado, 3) no entiende el relato (por sus propias limitaciones), 4) para este caso, la intolerancia, no soporta una película “gay” o 5) todas las anteriores. Por las razones o sin razones que fuesen, partamos que un cinéfilo medianamente diligente esta informado de los antecedentes de la película que va espectar, digamos “está preparado”, o que su interpretación es más avisada, además que su percepción esta más sensibilizada; la costumbre de enfrentarse con regularidad a películas difíciles o complejas le dan una visión diferente a la del espectador de a píe y las diferencias se hacen mayores con respecto a la percepción que tiene un crítico de cine.

Entonces diré que “Rabioso sol, rabioso cielo”, es para empezar una película rara, y lo digo por la extrañeza del planteamiento del director hacia el tema. Los primeros minutos son un preámbulo dilatado, vemos a una mujer deambulando por el D.F. mexicano, bastante conflictuada, pero suponemos que está en una búsqueda, también están esas voces con frases a manera de sentencia e incomprensibles como un bullicio urbano, todo muy confuso, minutos que se extienden en demasía; hasta que aparece un joven muy poco sabemos de él. Se produce el encuentro entre ambos, Ryo y Corazón del cielo (en este sentido alegórico, esta mujer que representa según la cultura Maya una diosa mensajera de buenas nuevas), se inicia una lluvia inclemente que los obliga a guarecerse; finalmente en un cuarto lejos de la turbulencia, se amarán juntando sus cuerpos, planos muy cercanos que nos acercan a la intimidad de estos amantes. Todo esto en una fotografía prodigiosa de un blanco y negro, de sombras y contrastes admirables. Las escenas en ese cine porno gay venido a menos, son de una potencia visual asombrosa, se siente el sudor en medio de un espacio sombrío. Este es una de los aspectos más valiosos del filme, crean ese universo escabroso e idílico, como un gran cuento de amor y predestinación, pero con pincelazos del cine horror. En los baños de este cine, se producen los encuentros entre hombres habidos de relacionarse con otros, alejados de los afectos siendo más bien inducidos por el hastío y la satisfacción meramente carnal; filmados de manera estupenda, en especial un plano secuencia con un traveling, en plano picado, nos desplazamos por ese baño teniendo una visión impensada y somos testigos totales de cada acción.

Esta es una historia de la búsqueda del amor, entendiéndolo desde la comprensión del director, es una epopeya de una amor ancestral, “Rabioso sol, rabioso cielo” se mueve en espacios temporales, uno actual y otro indefinido digamos uno muy remoto, pero que se funden y se confunden entre sí. El amor y el erotismo son los motores que mueven a los personajes, así Ryo es llevado por el deseo hacia ese decadente cine porno, en donde conocerá a Kieri, un encuentro predestinado de amor verdadero e indisoluble, pero la lucha eterna del bien y el mal está presente; el desamor despierta la rabia Tari, que intentará separar a esta pareja que superará los obstáculos con energía y su unión es inquebrantable y eterna, que supera la muerte. Finalmente acerca del argumento me siento inseguro de entender su totalidad, ya que está versión vista en festival es incompleta y deduzco que es imperativo verla íntegramente para tener una compresión cabal, es evidente que hay escenas que hacen falta.

“Rabioso sol, rabioso cielo”, polémica y osada desde su narrativa siendo una propuesta cinematográfica carente de diálogos, en donde los personajes tienen que expresar emociones y sentimientos sin palabra alguna, todo un reto actoral. Con una fotografía de Alejandro Cantú en su blanco y negro (y en otros, tonos a verde grisáceo), en gran parte del metraje, teniendo momentos bastante lograda visualmente, como la escena en la Kieri surge de entre la tierra hosca para rescatar a Ryo. Se podrá decir que es pretenciosa, pero lo que no se puede negar que es la contundencia de las imágenes, es minimización de lo explicativo, es la expresión genuina de un cinéfilo honesto, es un cine sensorial de atmósfera hipnótica, es el amor y la pulsión según Julián Hernández.

Por Emanuel Ramos

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